Los adolescentes y la elección del método anticonceptivo

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la adolescencia como la etapa comprendida entre los 10 y los 19 años. Se trata de un período crítico del desarrollo en el que se producen importantes cambios físicos, psicológicos, emocionales y sociales. Una característica fundamental de este tránsito entre la infancia y la madurez es la búsqueda de su propio lugar, lo que hace que experimenten sin medir demasiado las consecuencias de sus actos. Esto implica con frecuencia riesgos inaceptables desde el mundo de los adultos, pero que el adolescente apenas percibe como tales.

En lo que respecta al ámbito de la anticoncepción, la vivencia del “no riesgo” conlleva que no sean usuarios regulares de métodos anticonceptivos y que los que usan sean, en ocasiones, poco fiables. Así, las conclusiones de un estudio cualitativo realizado en la Comunidad de Madrid sobre la venta de preservativos a jóvenes señalan que “no utilizar el preservativo es un acto conscientemente orientado a la búsqueda de un goce en un ámbito de riesgo calculado, donde la píldora del día siguiente actúa de red salvadora”.

En los últimos años se ha producido un cambio en la conducta sexual de los jóvenes. Datos extraídos de la ‘Encuesta de Anticoncepción en España 2016, realizada por la Sociedad Española de Contracepción (SEC), muestran cómo, globalmente, la edad media de inicio en las relaciones es 18,2 años, edad que desciende entre las mujeres más jóvenes que ya han tenido relaciones sexuales. Así, entre las menores de 20 años que han tenido relaciones sexuales la edad de inicio es de 16,29 años (tres años antes que lo hicieron las mujeres que ahora tienen entre 45-50 años).

En relación con el uso de métodos anticonceptivos en la primera relación sexual, los datos son más positivos: la mayoría de las mujeres que ha mantenido relaciones sexuales alguna vez declara haber utilizado algún método anticonceptivo la primera vez que tuvo relaciones (81%). Sin embargo el 19% reconoce que la primera vez no utilizaron ninguno.

Estos datos no hacen sino ratificar la importancia de promover la anticoncepción en los adolescentes. En la actualidad, evitar embarazos no deseados es considerada una de las principales medidas preventivas dentro de un sistema sanitario desarrollado. La OMS en su estrategia “Salud 21” incluye entre sus recomendaciones a los Estados miembros que “garanticen el acceso a medidas para evitar los embarazos no deseados, incluyendo la información y la ayuda a los jóvenes”

En general, las adolescentes pueden usar cualquier método anticonceptivo; la edad no constituye una razón suficiente para desaconsejar ninguno. Aunque se han expresado algunos inconvenientes con respecto al uso de ciertos métodos anticonceptivos en adolescentes, estas preocupaciones deben sopesarse con las ventajas de evitar el embarazo.

Los aspectos sociales y conductuales de los adolescentes deben ser considerados a la hora de recomendar un método. En algunos ámbitos, los adolescentes están expuestos a un riesgo mayor de enfermedades de transmisión sexual (ETS). En ciertos casos, el uso de métodos anticonceptivos que no requieren un régimen diario puede ser el más apropiado. También se ha demostrado que las adolescentes son menos tolerantes a los efectos secundarios y, por lo tanto, tienen altas tasas de discontinuación por ello.

La elección del método también puede estar influenciada por patrones de relaciones sexuales esporádicas o la voluntad de ocultar la actividad sexual y el uso de anticonceptivos a su familia.

La ampliación de la cantidad de opciones de métodos ofrecidos puede conducir a una mayor satisfacción, aceptación y prevalencia del uso de anticonceptivos. La educación y el asesoramiento apropiados, tanto antes como en el momento de la selección del método, pueden ayudar a las adolescentes a tratar sus problemas específicos y a tomar decisiones informadas y voluntarias. Es muy importante valorar su aceptabilidad y motivación, intentando con ello asegurar un adecuado cumplimiento.

El anticonceptivo ideal para cada adolescente es aquel que:

  1. Tiene en cuenta su grado de maduración y no interfiere en su desarrollo.
  2. Es reversible (salvo en casos excepcionales).
  3. Es adecuado a su actividad sexual, teniendo en cuenta la posibilidad de cambios frecuentes de pareja o “monogamia en serie”.
  4. Es de fácil utilización.

Si eres adolescente y buscas información sobre qué método anticonceptivo se adapta mejor a tu situación particular, no dudes en acudir al médico especialista. El ginecólogo es quien mejor puede aconsejarte.

"El contenido que se proporciona en esta literatura es información general. En ningún caso debe sustituir ni la consulta, ni el tratamiento, ni las recomendaciones de su médico”.

Dr. Manuel Marcos Fernández
Jefe de Ginecología y Obstetricia HM Hospitales
www.egom.es